viernes, 18 de junio de 2010

Y después se cae y todos se rien...

- Cerrá la puerta, te digo que cierres la puerta CERRA LA PUERTA CARAJO!. La sombra de su cuerpo desnudo se asoma al vértice que divide la puerta de la pared, su mano empuja con delicadeza la puerta, procurando no hacer mucho ruido.
El silencio domina la sala, el suelo replica los movimientos de los días anteriores, el calor de sus cuerpos se funde en un sinfín de armonías, la luna alumbra su vientre.
Los gemidos de placer empiezan a oirse en ambos cuerpos, los ojos se ocultan y el tiempo se interrumpe para dejar lugar al acto que culminaría en el dolor de la traición.
Ella sabe que no puede, que no debe, que no lo podría ni imaginar. El siente que corre riesgos, que nunca debiera haber aceptado.
La líbido puede más y realiza lo inmoral. Cada vez sus elixíres saben que se corresponden, ni él la induce ni ella lo acepta, es solo el acto de ser quienes corresponden ser.
Han dejado atrás los prejuicios y rienda suelta a lo inconcebible.
Y no sabían que con eso, sin alarmas ni sirenas, Concepción.

No hay comentarios:

Publicar un comentario