Eliza Doolittle, Obra Pygmalión de G. B. Shaw
El efecto pigmalión tiene su origen en un mito griego consistente en un escultor llamado Pigmalión (Πυγμαλίων en griego antiguo) que se enamoró de una de sus creaciones: Galatea. A tal punto llegó su pasión por la escultura que la trataba como si fuera una mujer real, como si estuviera viva. El mito continúa cuando la escultura cobra vida después de un sueño de Pigmalión, por obra de Afrodita al ver el amor que éste sentía por la estatua, que representaba a la mujer de sus sueños.
Pygmalión y Galatea, por Angelo Bronzino (1530).
Este suceso fue nombrado como el efecto pigmalión ya que superó lo que esperaba de sí mismo al crear una escultura tan perfecta que llega a enamorarse de ella.
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